



Desde el espejo infinito del Lago San Pablo a los pies del imponente volcán Imbabura, hasta el misticismo de la Laguna de Cuicocha — un cráter activo que parece guardar secretos milenarios —, aquí el agua es vida. Caminar por sus senderos es reconectar con lo esencial: el aire puro de los páramos y el rugido de la cascada de Peguche.